Por mucho empeño que pongamos la realidad siempre nos superará, en el sentido de que es inabarcable, sea por un órgano biológico como ese conglomerado de neuronas de alrededor de 1400 gramos de cuyas capacidades nos sentimos tan orgullosos -pese a todo-, sea por una sofisticada herramienta de silicio y bytes a la que nos gusta llamar inteligencia artificial, para darnos aún más importancia quizá.
Paralelamente, la realidad parece que se empeña también en querer superar cualquier atrevida ficción. Lo cual no debería ser una sorpresa -y sí lo contrario- cuando la ficción es un producto de una mente humana a la que atribuimos limites -aunque puede ser que el asunto sea algo más complicado- y la realidad, en cambio, el resultado de la interacción de infinitos factores y circunstancias cambiantes.
Tan complejo que para tener alguna posibilidad de entender parcial y superficialmente la realidad, o al menos una parcelita de esta, debemos abrir la mente. Para ello el enfoque, la eficiencia, la multitarea y otros inventos igual de productivos parecen resultar -en este caso- bastante improductivos
Por el contrario, aunque no sea recomendable hacer de ello un hábito, dejarse llevar por la pereza, no hacer nada concreto, mirar las musarañas o estar en la luna (todo ello ocasionalmente) puede dar resultados inesperadamente productivos
No se trataría tanto de resolver bloqueos mentales mediante la meditación, la inducción del pensamiento alfa, el mindfulness o incursiones psicodélicas, sino de dejar de sentirnos amenazados por las expectativas hacia nuestras propias capacidades, inseguridades y desconfianza. Se trata de no creernos lo primero que nos cuentan desde alguna posición de autoridad reconocida o imaginaria. No tomarnos las cosas demasiado en serio, pues la realidad, o la existencia misma, podría no ser otra cosa que una especie de "broma cósmica".
La cacofonía mental de ideas preconcebidas, experiencias, lecturas, ideas ajenas y propias, recocidas o crudas, el lenguaje y las palabras mismas; podrían confundir la atención y anclarnos en lo conocido más que propiciar algo realmente original, si es que eso es posible
Pero seguro que hay más, mucho más, de lo que percibimos e incluso imaginamos. Diría que vale la pena explorar un poco más la madriguera

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